La Eneida
La Eneida sacó, enorme, sus siete anillos, sus siete revueltas,
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en plácido abrazo al túmulo y deslizándose por los altares;
el lomo tenía cubierto de manchas azulencas y de oro
un fulgor encendía sus escamas, como el arco en las nubes
esparce contra el sol mil diversos colores.
Se paralizó Eneas con la visión. Ella en larga línea
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serpentea por fin entre las páteras y los vasos bruñidos
y gustó las viandas ybajó de nuevo sin daño a lo profundo
del túmulo y dejó los probados altares.
Por esto más reanuda los emprendidos honores a su padre,
dudando si pensar en un genio del lugar o en un siervo