La Eneida
La Eneida como de una ciudad, que en triple hilera la juventud impele
dardania, se alzan sus remos en tres filas;
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y Sergesto, del que recibe su nombre la casa Sergia,
avanza sobre la gran Centauro y Cloanto en la Escila
cerúlea, de donde tu estirpe, romano Cluentio.
Hay a lo lejos en el mar un peñasco frente a la espumantes
riberas que a veces, sumergido, lo baten las olas
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hinchadas cuando los Cauros de invierno ocultan los astros;
en la bonanza calla y sobre las olas inmóviles asoma,
prado y solana gratísimos para los tibios somormujos.
Aquí colocó el padre Eneas una verde meta
de frondoso arce, una señal para los marineros de donde regresar