La Eneida
La Eneida él mismo se pone a gobernar el timón, él mismo en timonel
anima a sus hombres y dirige el gobernalle hacia la costa.
Por su lado, Menetes cuando apenas logró salir de la profunda hondura,
pesado yya anciano y chorreando con la ropa empapada,
busca lo alto del arrecife y se sienta sobre una roca seca.
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De él al caer se rieron los teucros y cuando nadaba,
y se ríen cuando vomita de su pecho el agua salada.
Entonces una alegre esperanza se encendió en los dos últimos,
en Sergesto y Mnesteo, de superar a un Gías que se retrasaba.
Sergesto se adelanta primero y se acerca al peñasco,
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y no le saca aún de ventaja toda la carena;
en parte el primero, en parte lo alcanza con su rostro émula Pristis.
Y moviéndose en el centro de la nave entre sus compañeros