La Eneida
La Eneida les anima Mnesteo: "Ahora, alzaos ahora sobre los remos,
hectóreos amigos a quienes elegí por compañeros en la suerte
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suprema de Troya; sacad ahora aquellas fuerzas,
ahora los ánimos que tuvisteis en las Sirtes getulas
y en el mar Jonio y en las olas tenaces del Malea.
No busco ya la cabeza, yo Mnesteo, ni lucho por vencer
(aunque... ¡oh! Mas ganen aquellos a los que se lo diste, [Neptuno);
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avergoncémonos de llegar los últimos: triunfad en eso, ciudadanos,
y evitad el oprobio." Ellos en un supremo esfuerzo
se doblan: tiembla con los golpes tremendos la popa de bronce
y el mar se retira, entonces un constante anhelo sacude
sus miembros y las áridas bocas, el sudor corre a ríos por todo.