La Eneida
La Eneida Entonces el padre Eneas no consintió que fueran las iras
más allá ni que Entelo se ensañase con ánimo acerbo,
y ordenó el foral de la lucha y al exhausto Dares
rescató consolándolo con sus palabras, y así le dice:
"Desgraciado, ¿qué locura tan grande se adueñó de tu pecho?
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¿No sientes las fuerzas distintas ni los númenes adversos?
Abandona ante el dios." Dijo, y con su voz interrumpió la lucha.
Y así, arrastrando sus rodillas heridas y moviendo la cabeza
a un lado y a otro, y arrojando por la boca densa sangre
y dientes mezclados con la sangre, leales compañeros
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lo llevan a las naves; se les llama y reciben el yelmo