La Eneida
La Eneida y la espada, y dejan la palma y el toro para Entelo.
Éste, vencedor, con ánimo crecido y orgulloso del toro:
"Hijo de la diosa -dice- y teucros todos, aprended esto,
qué fuerzas tuvo mi cuerpo de joven
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y de qué muerte salvado conserváis a Dares."
Dijo, y se paró frente al hocico del novillo
que le aguardaba como premio de la lucha, y los duros cestos
dejó caer blandiendo su diestra en alto
entre los cuerpos, y le aplastó los huesos y el cerebro:
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cae vencido en tierra, temblando y sin vida, el animal.
Él saca luego de su pecho estas palabras:
"Érice, te entrego esta vida mejor a cambio de la muerte