La Eneida
La Eneida 690
O manda tú a la muerte con rayo enemigo cuanto nos queda,
si es que lo merezco, y aplástanos aquí con tu diestra."
Apenas había dicho esto cuando con mares de lluvia una negra
tempestad nunca vista se desata y tiemblan con el trueno
las cumbres de las tierras y los campos; cae de todo el éter
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turbulento aguacero y negrísimo de densos Austros;
y se llenan por arriba las naves y medio quemadas se empapan
las maderas, hasta que se apagó todo el fuego y todos
los barcos menos cuatro se salvaron de la destrucción.
Y el padre Eneas sacudido por la acerba desgracia
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agitaba hacia uno y otro lado muchas cuitas en su pecho