La Eneida
La Eneida sostiene la pátera, de pie sobre la proa, y las entrañas arroja
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a las olas saladas y derrama líquidos vinos.
Les empuja un viento que nace de popa;
compiten los compañeros en herir el mar y surcan sus aguas.
Mas Venus entretanto agobiada de cuitas a Neptuno
se dirige y saca de su pecho quejas tales:
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"De Juno la grave ira y su pecho insaciable
me obligan, Neptuno, a recurrir a todas las preces;
ni el largo día ni piedad alguna la conmueven,
ni descansa rendida ante el poder de Jove y los hados.
No le basta con haber arrancado con odios nefandos la ciudad
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