La Eneida
La Eneida 845
Por un rato yo mismo cumpliré por ti tu tarea."
Alzando apenas hacia él sus ojos le dice Palinuro:
"¿Me pides que ignore el rostro del mar en calma
y las olas tranquilas? ¿Qué confíe en este monstruo?
¿Entregaré a Eneas (¿cómo podría?) a las auras falaces,
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cuando tantas veces me ha sorprendido el engaño de un cielo sereno?"
Tales palabras devolvía, y clavado y el timón agarrando
no lo dejaba ni un momento y mantenía los ojos en las estrellas.
Mas he aquí que el dios con un ramo empapado en el Lete
y con el poder soporífero de la Estigia le rocía ambas