La Eneida
La Eneida 70
También a ti te aguarda en nuestro reino un gran santuario:
pues aquí yo tus suertes y los secretos destinos
anunciados a mi pueblo depositaré.y te consagraré, madre,
varones escogidos. Sólo no confíes tus vaticinios a las hojas,
que no vuelen turbados juguetes de los rápidos vientos;
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que los cantes tú misma te ruego." Y aquí cesó de hablar.
Pero sin someterse aún vaga terrible por el antro como bacante
la vidente de Febo, por si puede sacudirse del pecho
al dios imponente, y tanto más aquél fatiga
su boca rabiosa, domando el fiero corazón, y la rinde bajo su peso.
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Y entonces se abrieron las cien enormes bocas de la casa