La Eneida
La Eneida guarda insomne la entrada de día y de noche.
Por aquí se escuchan gemidos y el chasquido de crueles
azotes con el estridor del hierro y de cadenas arrastradas.
Se detuvo Eneas y escuchó el estrépito aterrorizado:
"¿De qué crímenes se trata? Habla, virgen. ¿Con qué penas
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se les atormenta? ¿A qué tanto lamento por el aire?"
Entonces la vidente así comenzó a decir: "Caudillo famoso de los teucros,
ningún inocente puede detenerse en el umbral de los criminales;
pero a mí, cuando Hécate me puso al cuidado de los bosques avernos,
ella misma me mostró los castigos de los dioses y me llevó por todas partes.
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Manda en estos reinos despiadados Radamanto de Cnosos
y castiga y escucha los engaños y a declarar obliga
lo que cada cual entre los vivos, las culpas cometidas,