La Eneida
La Eneida qué castigo o qué forma o fortuna sepultó a estos hombres.
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Unos hacen rodar un enorme peñasco y de los radios de las ruedas
cuelgan encadenados; sentado está y lo estará para siempre
Teseo, desgraciado, y el misérrimo Flegias a todos
advierte y a grandes voces avisa por las sombras:
"Aprended advertidos la justicia y a no despreciar a los dioses."
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Éste vendió su patria por oro y a un dueño poderoso
la sometió; leyes hizo y deshizo por dinero;
éste se metió en el lecho de su hija y en himeneos vedados:
todos osaron crímenes horribles y a cabo los llevaron.
No podría yo, así cien lenguas y cien bocas tuviera
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y una voz de hierro, de sus delitos abarcar todas las formas,