La Eneida
La Eneida pasad este collado y os pondré ya en un camino fácil."
Dijo, y echó a andar delante y desde la altura les muestra
la espléndida llanura; dejan luego las altas cimas.
Y el padre Anquises, en lo hondo de un valle verdeante,
observaba a las almas encerradas que iban a subir al mundo
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superior fijándose con atención, y al número todo
de los suyos andaba censando, y a sus nietos queridos
y el hado y la fortuna de los hombres, sus costumbres y sus obras.
Y cuando vio a Eneas que le venía al encuentro
por la hierba, le tendió gozoso ambas palmas,
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se llenaron de lágrimas sus mejillas y la voz se escapó de su boca: