La Eneida
La Eneida "¡Al fin, has llegado! ¿Esa piedad tuya que tu padre anhelaba
ha podido vencer el duro camino? ¿Se me da mirar tu rostro,
hijo mío, y escuchar y responder a voces conocidas?
Así ciertamente lo esperaba en mi corazón y pensaba
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que ocurriría los días contando, y no me engañó mi cuidado.
¡Qué tierras y qué mares inmensos has recorrido
para que te reciba! ¡Por qué peligros has pasado, hijo!
¡Cómo temí que te dañaran los reinos de Libia!"
Y Eneas a su vez: "Padre, tu triste imagen a menudo
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se me apareció y me empujó a buscar estos umbrales;
las naves aguardan en el mar tirreno. Dame tu diestra,
dámela, padre mío, y no te sustraigas a mi abrazo."
Así diciendo con mucho llanto regaba a la vez su rostro.