La Eneida
La Eneida Entonces el hijo de Anquises ordena marchar al augusto
recinto del rey a cien oradores elegidos entre todas
las clases, cubiertos todos con las ramas de Palas,
a llevarle presentes y pedir la paz para los teucros.
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Sin tardanza se apresuran a cumplir la orden y van
a toda prisa. Él marca las murallas con un surco en el suelo
y prepara el lugar y, a la manera de los campamentos,
rodea el emplazamiento primero de la costa con un terraplén y unas almenas.
Y ya divisaban los jóvenes, cubierto el camino, las torres
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y los altos tejados de los latinos y llegaban al muro.
Delante de la ciudad niños y jóvenes en la flor primera
practican a caballo y prueban sus carros en el polvo,
o tensan los dificiles arcos o agitan con sus brazos
pesadas lanzas, y compiten corriendo o a golpes,