La Eneida
La Eneida 165
cuando un mensajero se adelanta a caballo y lleva
a oídos del anciano rey que han llegado unos hombres
enormes de extraña vestidura. Él ordena que sean llevados
a palacio y se sienta en el centro en el trono de sus mayores.
Estaba en lo alto de la ciudad la augusta morada,
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enorme, alzada sobre cien columnas, el palacio del laurente Pico,
imponente de selvas y por la devoción de los mayores.
Aquí quería el augurio que recibieran los reyes el cetro
y levantasen las primeras fasces; era éste su templo, la curia,
éste el lugar de sus sagrados banquetes; aquí, matando el carnero,
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solían sentarse los padres en mesas corridas.
Aparecían además por orden las efigies de los antepasados