La Eneida
La Eneida nos veas con cintas en las manos y palabras suplicantes)
nos requirieron y quisieron unirnos con ellos;
mas los hados de los dioses nos obligaron con su fuerza
a buscar vuestras tierras. De aquí procede Dárdano,
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aquí nos manda de nuevo Apolo y nos obliga con sus órdenes
al Tiber tirreno y a las sagradas aguas de la fuente del Numico.
A ti te entrega además, como presentes, exiguos testigos
de una mejor fortuna, restos salvados de las llamas de Troya.
Con este oro libaba el padre Anquises junto a los altares,
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éste era el ornato de Príamo cuando impartía justicia
según la costumbre a los pueblos convocados, el cetro y la tiara
santa y su vestido, labor de las troyanas."