La Eneida
La Eneida 280
de celestial simiente que fuego respira por la nariz,
de la raza de aquellos que a su padre robó la maga Circe
y crió bastardos de una madre que les había puesto debajo.
Con presentes tales los Enéadas y con las palabras de Latino
regresan altivos sobre sus caballos y llevan ofertas de paz.
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Mas he aquí que volvía de la Argos del Ínaco
la cruel esposa de Júpiter y volaba por los aires,
y divisó a los lejos desde el cielo al feliz Eneas
y a la flota dardania por encima del sículo Paquino.
Ve cómo se alzan ya las casas, que se entregan confiados a la tierra,
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que han abandonado los barcos; clavada se quedó de aguda rabia.
Sacudiendo entonces la cabeza estas palabras saca de su pecho:
"¡Ay raza odiada y a nuestros hados contrarios
hados de los frigios! ¿Así que no cayeron en los campos sigeos,