La Eneida
La Eneida Aquà una gruta horrenda y los respiraderos del cruel Dite
aparecen, y roto el Aqueronte una enorme vorágine
abre las fauces pestilentes en las que se ocultó la Erinia,
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numen odioso, dejando descansar al cielo y a las tierras.
Y no deja entretanto la hija de Saturno a la guerra
de dar el postrer empujón. Corre a la ciudad todo
el número de los pastores desde el frente y muertos llevan
al joven Almón y de Galeso el cuerpo ensangrentado,
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e imploran a los dioses y reclaman el testimonio de Latino.
Llega Turno y en medio del fuego del asesinato
redobla el terror: convocan al reino a los teucros,
se mezclan con la raza de los frigios, a él lo arrojan de su puerta.
Entonces aquellos cuyas mujeres, golpeadas por Baco, en tÃasos
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