La Eneida
La Eneida decisión, y marchan las cosas según las órdenes crueles de Juno,
poniendo por testigos a los dioses y a las auras inanes el padre
dice: "Nos quebrantan, ¡ay!, los hados y la tormenta nos arrastra.
Mas vosotros habréis de pagar el castigo con sacrílega sangre,
595
infelices. A ti, Turno, te aguarda -¡horror!- un triste
suplicio y con tardíos votos suplicarás a los dioses.
Pues a mí me llega la hora del descanso y en la boca del puerto
sólo de una muerte feliz se me priva." Y sin decir más
se encerró en su casa y dejó las riendas del gobierno.
600
Esta costumbre había en el Lacio de Hesperia que siempre las ciudades