La Eneida
La Eneida unce a su carro los caballos y en ayuda de Turno suma mil
pueblos feroces, los que trabajan con el rastrillo los felices
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a Baco viñedos del Másico, y los que los padres auruncos
de los altos collados enviaron, y, al lado, los llanos
sicidinos, y los que dejan Cales y los habitantes de la corriente
vadosa del Volturno e igualmente el áspero saticulano
y el grupo de los oscos. Sus dardos son redondeadas
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jabalinas y la costumbre atarles un flexible látigo.
La cetra les cubre la izquierda, con falcatas combaten de cerca.
Y no te irás de nuestro poema sin ser señalado,
Ébalo que, se dice, Telón te engendró de la Ninfa
Sebétide, cuando tenía el reino en Capri de los teléboes,