La Eneida
La Eneida 735
anciano ya; pero el hijo de ninguna manera contento
con los campos paternos, a su poder ya entonces sometía
a los pueblos sarrastes y la llanura que el Sarno riega,
ylos que pueblan Rufras y Bátulo y los campos de Celemna,
y los que contemplan las murallas de Abela, rica en manzanas,
740
hechos a lanzar al modo teutónico sus cateyas;
cubiertas sus cabezas con la corteza arrancada al alcornoque,
de bronce resplandecen sus peltas, de bronce resplandecen sus espadas.
Y te mandó a la guerra la montañosa Nersas,
Ufente, glorioso por la fama de tus armas felices;
745
su pueblo, una gente espantosa sobre todas acostumbrada