La Eneida
La Eneida los que aran, Tiberino, tu valle y del Numico las sagradas
riberas y los collados rútulos trabajan con la reja
y el monte circeo, cuyos campos Júpiter preside
Ánxuro y Feronia gozosa de su bosque verdeante;
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por donde se extiende la negra laguna de Sátura y entre valles
profundos busca su salida al mar y se oculta el gélido Ufente.
A éstos se añadió Camila, del pueblo de los volscos,
con una columna de jinetes y huestes florecientes de bronce,
guerrera, no como la que acostumbró su manos de mujer
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a la rueca y los cestillos de Minerva, sino joven hecha a sufrir
duros combates y a ganar con el correr de sus pies a los vientos.
Ella volaría sobre las crestas de un sembrado
sin tocarlas, ni rozaría en su carrera las tiernas espigas,