La Eneida
La Eneida o en medio del mar suspendida sobre las olas hinchadas
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se abriría camino sin que las aguas tocasen sus plantas veloces.
A ella la contempla la juventud entera saliendo de casas
y campos, y no la pierden de vista al pasar las madres,
con la boca abierta de asombro ante el regio adorno de púrpura
que cubre sus hombros suaves o la fíbula de oro
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que trenza su cabello, de cómo lleva ella misma su aljaba
licia o el mirto pastoril rematado en punta.