La Eneida
La Eneida 60
su ira y amenazas. Acuérdate de honrarme cuando seas
el vencedor. Yo soy el que ves a plena corriente
abrazar las orillas y cortar fértiles sembrados,
cerúleo Tiber, río gratísimo al cielo.
Ésta es mi gran morada, sale mi cabeza de escarpadas ciudades."
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Dijo, y al punto el río se ocultó en lo profundo de las aguas
el fondo buscando; la noche y el sueño dejaron a Eneas.
Se levanta y mirando la luz naciente del sol
etéreo toma agua del río según el rito en el hueco
de sus manos yvierte al aire estas palabras:
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"Ninfas, Ninfas laurentes, de donde el linaje de los ríos,
y tú, padre Tíber de sagrada corriente,
amparad a Eneas y alejadle por fin de peligros.
Sean los que sean los lagos que en tu fuente te tienen,