La Eneida
La Eneida 155
de tu padre y la voz del gran Anquises y su cara!
Pues recuerdo que a visitar el reino de su hermana HesÃone
PrÃamo LaomedontÃada yendo a Salamina
nunca dejaba de recorrer el helado territorio de Arcadia.
Me vestÃa entonces de flor las mejillas la juventud primera
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y admiraba a los caudillos teucros y al mismo LaomedontÃada
admiraba, pero por encima de todos iba
Anquises. Mi corazón se inflamaba de ansia juvenil
por hablar al héroe y unir mi diestra con su diestra;
me acerqué y ansioso lo conduje al pie de las murallas de Feneo.
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Él una hermosa aljaba y unas flechas licias
al partir me dejó y una clámide bordada en oro
y dos bocados de oro que guarda hoy mi hijo Palante.
Asà que la diestra que pedÃs, unida me está en un pacto
y, en cuanto la luz de mañana regrese a las tierras,