La Eneida
La Eneida inaccesible del sol a los rayos, y siempre estaba tibio
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el suelo de sangre reciente y de sus soberbias puertas pendían
cabezas humanas, pálidas de triste podredumbre.
Era Vulcano el padre de este monstruo: con inmensa mole
avanzaba arrojando sus negras llamas por la boca.
Mas quiso un día la ocasión satisfacer nuestro deseo
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y brindarnos ayuda y la llegada de un dios. Y el gran vengador
orgulloso de la muerte del triple Gerión y sus despojos,
Alcides, llegó trayendo hasta aquí, vencedor, los toros
enormes, y llenaban sus bueyes el valle y el río.
Pero la mente fiera del ladrón Caco, por nada dejar