La Eneida
La Eneida 205
de crimen o engaño sin osar o probar,
sacó de sus pesebres cuatro toros de hermosa
figura y otras tantas novillas con mejor aspecto,
y a todos ellos, para no dejar huellas de la marcha de sus pasos,
arrastrados por la cola a la cueva y con las marcas de las patas
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al revés, los ocultaba el raptor en su ciega guarida;
ninguna señal llevaba al que buscase a la cueva.
Mientras tanto, cuando ya sus ganados saciados sacaba
de sus corrales el hijo de Anfitrión y preparaba la marcha,
mugieron al partir los bueyes y se llenó el bosque entero
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de sus quejas y con tal clamor dejaban las colinas.
Con su voz contestó una de las vacas y en la vasta caverna