La Eneida
La Eneida mugió y, aun guardada, defraudó la esperanza de Caco.
Entonces la cólera de Alcides se inflamó de furia
y de negra bilis: coge sus armas y la maza cargada
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de nudos, y se marcha corriendo a lo alto del monte elevado.
Vieron en ese momento por vez primera los nuestros a Caco temblar
y con ojos turbados: escapa al punto más rápido que el Euro
y busca su gruta; el terror en sus pies puso alas.
Cuando se encerró y liberó las cadenas rompiendo
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el enorme peñasco que colgaba con hierros y el arte
paterna y protegió con su mole la firme entrada,
aquí llega el Tirintio con ánimo furioso y toda
la entrada recorre, llevando aquí y allá su mirada,
los dientes rechinando. Tres vueltas da hirviendo de ira
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