La Eneida
La Eneida 235
que bajo su poder tendrían el mar y las tierras todas.
¿Qué pensamiento, padre mío, cambiar te ha hecho?
Sólo eso en verdad me consolaba de la caída de Troya
y sus tristes ruinas, compensando con otros unos hados adversos;
pero ahora la suerte sigue igual para unos hombres a quienes tantas
240
desgracias han sacudido. ¿Qué límite marcas, rey soberano, a sus fatigas?
Anténor, escapando de entre los aqueos, pudo llegar
a los golfos de Iliria y entrar a salvo en el reino
de los liburnos y superar las fuentes del Timavo,
de donde entre el vasto rugido de los montes por nueve bocas
245
baja mar desatado y golpea los campos con sonoro piélago.
Pudo por fin fundar la ciudad de Pátavo y las sedes