La Eneida
La Eneida Luego, cuando el descanso primero había expulsado al sueño,
en el centro ya del curso de la noche avanzada, justo cuando la mujer,
a quien se ha impuesto pasar la vida con la delicada Minerva
y la rueca, las cenizas aviva y el fuego dormido
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sumando la noche a sus tareas, y a la lámpara fatiga con pesado
trabajo a sus sirvientes para casto guardar el lecho
del esposo y poder criar a sus hijos pequeños:
no de otro modo el señor del fuego ni en esa ocasión más perezoso
salta del blando lecho a su trabajo de artesano.
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junto a la costa sicana y a la Lípara eolia una isla
se alza erizada de peñascos humeantes,
bajo la cual truenan la gruta y de los Ciclopes los antros etneos