La Eneida
La Eneida 430
Fulgores horríficos y trueno y espanto añadían ahora
a su trabajo y las iras a las llamas tenaces.
En otro lado preparaban a Marte su carro y las ruedas
veloces, con las que a las ciudades provoca y a los hombres;
y la égida terrible, arma de la enojada Palas,
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se esforzaban en cubrir de escamas de serpientes y de oro,
y las culebras enlazadas y la misma Gorgona en el pecho
de la diosa haciendo girar sus ojos sobre el cuello cortado.
"Retirad todo -dijo-, dejad los trabajos empezados,
Cidopes del Etna, y atención prestadme:
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