La Eneida
La Eneida etrusco en esta llanura, asustado por los avisos del cielo.
El propio Tarconte me envió embajadores y la corona
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del mando con el cetro y me encomienda las insignias;
que acuda al campamento y me haga cargo de los reinos tirrenos.
Masa mí una torpe vejez vencida por el frío y los años
me impide mandar y unas fuerzas tardías para las hazañas.
A mi hijo se lo pediría, de no ser porque tiene
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sangre de esta patria por su madre sabina. Tú, a quien favorece
el destino por la raza y los años, a quien reclaman los dioses,
da el paso, valerosísimo caudillo de ítalos y teucros.
Te daré además a mi hijo Palante, nuestro consuelo