La Eneida
La Eneida Se entregan caballos a los teucros que se dirigen a los campos tirrenos;
a Eneas le reservan uno sin sorteo, y del todo le cubre
una rubia piel de león que brilla con uñas de oro.
Vuela la noticia divulgada de pronto en la ciudad pequeña,
de que rápido van jinetes a los umbrales del rey tirreno.
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De miedo redoblan las madres sus votos, y el temor crece
más aún por el peligro y más grande se muestra la imagen de Marte.
El padre Evandro entonces se resiste abrazando la diestra
del que parte, sin saciarse de lágrimas, y dice de este modo:
"Ay, si Júpiter me devolviera mis años pasados,
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como era yo cuando a las puertas de Preneste el primer ejército