La Eneida
La Eneida aplasté e incendié victorioso montañas de escudos
y al Tártaro envié al rey Érulo con mi diestra,
al que al nacer tres vidas su madre Feronia
(espanta decirlo) había dado, que debía blandir tres armas
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y morir de tres muertes; a él, sin embargo, esta diestra
todas sus vidas le quitó y al tiempo le privó de sus armas:
nadie podría arrancarme ahora de este dulce abrazo tuyo,
hijo mío, no Mecencio burlándose de este vecino suyo
habría causado tantas muertes con su espada,
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ni habría enviudado la ciudad de tantos de sus hombres.
Pero a vosotros os ruego, dioses de lo alto y a ti, Jove,
rector supremo de los dioses, piedad para este rey arcadio;
y escuchad las preces de un padre. Si vuestro numen,