La Eneida
La Eneida si los hados me reservan salvo a Palante,
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si vivo para verle y abrazarle de nuevo,
la vida os pido, podré soportar cualquier fatiga.
Pero si tramas, Fortuna, otra salida nefanda,
que pueda yo dejar esta vida cruel ahora mismo,
cuando aún en duda están mis cuitas e incierta la esperanza del
futuro;
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ahora que a ti, querido hijo, único placer de mis años,
abrazado te tengo. ¡Que no hiera mi oído la noticia
más triste! " Estas palabras vertía el padre en la definitiva
despedida; derrumbado sus siervos a casa lo llevaban.
Y ya había sacado la caballería por las puertas abiertas
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Eneas entre los primeros y el fiel Acates,