La Eneida
La Eneida la loba tumbada recién parida, con los niños gemelos jugando
colgados de sus ubres y mamando sin miedo
de su madre; ella, con su suave pescuezo agachado,
los lamía por turno y moldeaba sus cuerpos con la lengua.
No lejos de aquí había añadido Roma y las sabinas
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raptadas brutalmente de entre el gentío del teatro
durante los grandes circenses y de pronto surgir nueva guerra
entre los hijos de Rómulo y el viejo Tacio y los austeros hombres de Cures.
Después los mismos reyes, dejando la guerra entre ellos,
en pie aparecían armados ofreciendo ante el ara de Jove
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sus páteras y el pacto firmaban con la muerte de una cerda.
No muy lejos, cuadrigas azuzadas en contra destrozaban