La Eneida
La Eneida a Meto (¡pero tú, albano, deberías mantener tu palabra!)
y Tulo las entrañas del embustero arrastraba
por el bosque, y sangre goteaban los abrojos empapados.
645
También Porsena ordenaba acoger a Tarquinio
expulsado y a la ciudad apremiaba con ingente asedio;
los Enéades se lanzaban al hierro por su libertad.
Podrías verlo igual que quien se indigna e igual
que el que amenaza, porque había osado Cocles arrancar el puente
650
y Clelia cruzaba el río a nado, rotas sus cadenas.
En lo alto estaba Manlio, guardián de la roca
Tarpeya delante del templo y ocupaba las alturas del Capitolio,
erizado de la paja de Rómulo el palacio reciente.
Y aquí, revoloteando por los dorados pórticos una oca
655
de plata anunciaba que estaban los galos a las puertas;