La Eneida
La Eneida mientras queda la tierra en nuestras manos: tantos miles,
sus armas blanden los pueblos ítalos. No me asustan las fatales
respuestas de los dioses, si de alguna presumen los frigios;
bastante se ha dado ya a Venus y al hado, que han podido
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tocar los troyanos los fértiles campos de Ausonia. Tengo yo hados
contrarios a los suyos, aplastar con la espada a un pueblo
criminal que me robó la esposa; este dolor no toca sólo
a los Atridas, ni sólo a Micenas cabe empuñar las armas.
"Pero basta con morir una vez." Habría bastado el pecado
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anterior, mas no odiaron por completo a toda
la raza de las mujeres. Ánimos les dan su confianza
en la empalizada y el estorbo de los fosos, breve demora
de su muerte; mas ¿no vieron de Troya las murallas