La Eneida
La Eneida 120
como otros tantos cuerpos de doncellas y al mar se lanzan.
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Se quedaron los rútulos sin habla y hasta Mesapo
asustado sobre inquietos caballos, y ronca resonando duda
la corriente y el Tíber se vuelve desde alta mar.
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Mas no abandonó su confianza al bravo Turno;
tanto más alza los ánimos con sus palabras y tanto más grita:
"A los troyanos buscan estas apariciones, Júpiter con ellas
les ha privado de la ayuda acostumbrada: ni dardos ni fuegos
esperan a los rútulos. Así que mares no navegables para los teucros,
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sin esperanza alguna de huir: han perdido la mitad de sus recursos,