La Eneida
La Eneida fabricadas por mano de Neptuno caer bajo el fuego?
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Y vosotros, lo mejor de los mÃos, ¿quién está dispuesto
a abrir la valla con su espada y entrar conmigo en el campo tembloroso?
No necesito yo las armas de Vulcano, ni barcos
a millares contra los teucros. Que además se les sumen
todos los etruscos por aliados. Las tinieblas y el vano robo
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del Paladio, muertos los centinelas de la fortaleza,
no teman: no nos meteremos en la ciega panza de un caballo.
A plena luz no fallará rodear con fuego sus muros.
Les haré sentir que no se las ven con dánaos y jóvenes
pelasgos, a quienes Héctor pudo resistir hasta el décimo año.