La Eneida
La Eneida 155
Así que ahora, puesto que ya ha pasado lo mejor del día,
cuidad lo que queda vuestros cuerpos, contentos
con lo realizado, y aguardad prestos el combate."
Se confía entretanto a Mesapo los puestos de guardia
ante las puertas, y ceñir con fuegos las murallas.
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Se eligieron dos veces siete rútulos para guardar los muros
con soldados, y a cada uno de ellos le siguen cien
jóvenes de rojo penacho y relucientes de oro.
Acuden y se van turnando, y echados por la hierba
se entregan al vino y vacían las crateras de bronce.
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Brillan los fuegos, pasa la noche la guardia
insomne, entre juegos.
Observan esto los troyanos desde su empalizada y las alturas
ganan con sus armas, y, temblando de ansia,
vigilan las puertas y preparan puentes y bastiones,