La Eneida
La Eneida Si me prometen lo que pido para ti (pues a mí la fama
de la acción me basta), creo poder encontrar al pie
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de aquel cerro un camino a las torres y murallas de Palanteo."
Atónito quedó Euríalo, tocado por un ansia muy grande
de gloria, y así se dirige a su ardoroso amigo:
"¿Así que no quieres tomarme en hazaña tan alta, Niso,
por compañero? ¿Sólo he de dejarte en peligro tan grande?
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No tal mi padre Ofeltes, avezado a la guerra,
me enseñó al criarme entre el terror de Argos
y las fatigas de Troya, ni así me he portado contigo
en pos del magnánimo Eneas y sus hados extremos.
Hay aquí un corazón que desprecia la luz y que cree