La Eneida
La Eneida porque el dios lo quiere, y la que más la reina aguarda
a los troyanos con ánimo sereno y bondadosa mente.
El piadoso Eneas, en esto, dando muchas vueltas en la noche,
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apenas nació la luz sustentadora, decidió salir
y explorar los nuevos lugares, las costas que ganaron con el viento,
e indagar quién las habita (como no ve cultivos),
si hombres o fieras, y traer exacta noticia a sus compañeros.
En una quebrada del bosque, bajo el hueco de una roca sus naves
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oculta entre árboles y sombras de espanto.
Y él se marcha sólo con la compañía de Acates
apretando en sus manos dos lanzas de ancho filo.
En medio del bosque se le presentó su madre con los rasgos
y el aspecto de una doncella, y con las armas de una doncella