La Eneida
La Eneida 315
espartana, cual fatiga la tracia a sus caballos
Harpálice, o al Hebro alado sobrepasa corriendo;
pues presto el arco lo llevaba colgado de sus hombros
según la costumbre de caza y dejaba flotar al viento sus cabellos,
desnuda la rodilla y la ropa suelta recogida en un nudo.
320
Y habló la primera: "¡Eh, jóvenes! Decidme si de las mías
habéis visto a alguna, de mis hermanas, vagando por aquí
con la aljaba y con la piel de lince llena de manchas,
o siguiendo a gritos la carrera de un jabalí espumante."
Así Venus, y así de Venus el hijo comenzó por su parte:
325