La Eneida
La Eneida Y por no ser causa de un dolor tan grande para tu madre,
la pobre, la única entre muchas que valiente ha seguido
a su hijo, sin cuidarse de las murallas del gran Acestes."
Mas el otro: "No entrelaces en vano argumentos vacíos,
que mi opinión no cede y es inamovible.
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Démonos prisa." Dice y al tiempo despierta a los guardias.
Éstos les relevan y mantienen el turno; dejando el puesto,
él acompaña a Niso y salen en busca de su rey.
Por todas las tierras los demás animales curaban sus cuitas
con el sueño y los corazones olvidados de fatigas;
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los primeros caudillos de los teucros, la juventud escogida,