La Eneida
La Eneida Pues ella ha de ser mi madre y ha de faltarle sólo
el nombre de Creúsa, y no le aguarda pequeña recompensa
por un hijo así. Sea cual sea el final de tu hazaña,
juro por mi cabeza, por la que antes solía mi padre:
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cuanto a ti te prometo a la vuelta si todo va bien,
lo mismo se hará con tu madre y toda su estirpe."
Así dice entre lágrimas; al tiempo se quita del hombro la espada
de oro que había forjado Licaón de Cnosos con arte
admirable, con la vaina de marfil que rapidez le daba.
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A Niso da Mnesteo la piel de un león espantoso,
sus despojos, y el yelmo le cambia el fiel Aletes.
Parten al punto armados; al tiempo que marchan
les sigue con sus votos junto a las puertas todo el grupo