La Eneida
La Eneida ¿Dónde buscarte? ¿Qué tierra guarda ahora tu cuerpo
490
y tus miembros lacerados y tu cadáver roto? ¿Esto me traes
de ti, hijo mío? ¿Esto es lo que he seguido por mar y por tierra?
Atravesadme, si queda aún piedad; contra mí todas las flechas
disparad, rútulos, matadme la primera con la espada;
o tú, gran padre de los dioses, ten piedad y esta odiada
495
cabeza sepulta bajo el Tártaro con tu rayo,
que de otro modo no puedo quebrar esta vida cruel."
Con este llanto tocados los ánimos, un triste lamento
brota de todos, se entorpecen las fuerzas rotas para el combate.
Ideo y Áctor, como inflamaba la pena de todos,