La Eneida
La Eneida 500
por orden de Ilioneo y de julo que mucho lloraba
la cogen y en sus manos la conducen a casa.
Y lanzó a lo lejos la tuba su terrible sonido
de bronce canoro, sigue un clamor y el cielo retumba.
Rápidamente forman los volscos su tortuga
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y se disponen a llenar los fosos y arrancar la empalizada;
busca la entrada una parte y subir a los muros con escalas
por donde hay menos tropa y clarea la espesa
corona de soldados. Responden los teucros lanzando
todo tipo de dardos y los derriban con duros troncos,
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habituados a defender sus muros en una larga guerra.
Hacían rodar también piedras de gran peso, por si podían
quebrar la cubierta columna, aunque bajo la densa
tortuga todo se está dispuesto a resistir.