La Eneida
La Eneida Y ya no aguantan más. Pues por donde el grupo es más compacto,
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acuden los teucros y hacen rodar una mole tremenda
que aplasta por completo a los rútulos y destroza la cubierta
de sus armas. Y ya no se cuidan los rútulos bravos
de atacar con un Marte ciego, sino que compiten
en echarlos del muro con proyectiles.
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En otra parte blandÃa Mecencio con horrible aspecto
un pino etrusco y lleva fuegos humeantes;
y Mesapo, domador de caballos, prole de Neptuno,
abre la empalizada y escalas pide para la muralla.
A vosotras, CalÃope, os pido que inspiréis al que canta
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los desastres que el hierro causó, qué muertos Turno
dejó atrás, a quién envió cada cual al Orco,